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y estamos tan cerca

kasi, chilean, 21: a jack of all trades with a degree on failure who enjoys to make herself cry and has a predictable passion for cats and sob stories.

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Rabia | Fanfiction | Latin Hetalia; Brasil/Argentina

Ber me pidió angry!Br/Arg para el evento de invierno. ASÍ QUE AQUÍ LE VA.

El beso le sabe a furia y oxido en la boca, a un grito ahogado cuando sus dientes atrapan la lengua del otro. No es una batalla de dominación, es todo lo contrario. Es la forma más gutural que tienen de comunicarse. Nace de la obstinación, de los ojos verdes de Martín que se oscurecen al esconder demasiadas cosas, que tiemblan ante el miedo de quedar en vitrina. Martín disfraza las verdades más simples, los sentimientos más sencillos con arrogancia y un abrazo protector sobre sí mismo. No tienes permiso para mirar dentro de mí, eso es lo que su lenguaje corporal grita.

Luciano se fastidia. Porque no hay nada que lo irrite más que Martín escudándose tras esas sonrisas sórdidas, tras palabras ácidas y una lengua filosa. Ninguno de los dos es idiota, basta soplar sobre la superficie para encontrar lo que se ha escondido bajo el polvo.

Y eso es a lo que se dedica Luciano, a recorrer el cuerpo de Martín con los dedos, el impetú furioso de su rabia provocando que su corazón palpite con violencia dentro de su pecho. Pelear con Martín, discutir con Martín, morder a Martín es estresante. Pero no pueden vivir sin eso.

(No pueden quedarse quietos.)

Martín lo muerde de vuelta, hasta hacerlo sangrar. Entierra sus dedos en los hombros de Luciano, lo abraza con las piernas en un abrazo similar al de una tarántula en una telaraña. Deja que Luciano lo embista, pero no deja que Luciano lo supere.

(Y si tan sólo supiera, el muy ingenuo, que aquello ha dejado de ser una competencia desde hace mucho.)

El sexo les sabe a rabia.

Pero también a cariño.

—Sos un pelotudo —gime Martín, su lengua rozando los labios hinchados de Luciano—. Un pelotudo que nunca se puede callar la boca.

—Pero tú eres el que está hablando ahora —gruñe Luciano, una sonrisa palpitante fija en su rostro. Sujeta a Martín por las nalgas, dejando marcas rosadas con sus dedos.

—Cállate —responde Martín, y la rabia que lacea su voz ya no se siente como rabia. El fastidio ya no es lo que hace temblar su cuerpo y las pulsaciones de un reto que se niega a perder ya no son lo que lo motivan.

No le cuesta nada hundir los dedos en el cabello de la nuca de ese imbécil y robarle un beso que lo dejará sin aliento.