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y estamos tan cerca

kasi, chilean, 21: a jack of all trades with a degree on failure who enjoys to make herself cry and has a predictable passion for cats and sob stories.

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Arena y Sol | Fanfiction | Latin Hetalia; Perú/Chile

Melicakes me dejó pensando en PLAYAS.

Manuel mira con odio a las chicas en bikini que rodean a Miguel. Siente que el sol le quema la coronilla, la arena le ha irritado la piel y el agua salada ha hecho que los ojos le ardan. Y ahora, para colmo, tiene que quedarse sentado bajo la sombrilla, mirando como el imbécil le aplica bloqueador solar a un par de rubias oxigenadas con cerebro de chicle masticado. ¿Lo peor de todo? Ellas sólo le indican a Miguel dónde poner las manos, él es el que las obedece sin darse cuenta de que está aplicándole protector a una pálida y gorda nalga.

El par de pinturitas ríe con coquetería. Le pasan otra botella de bloqueador a Miguel y le apuntan el pecho. Miguel se encoge de hombros, se sienta y deja que las señoritas le apliquen la loción sobre la piel.

(Las manos de ese par de resbalosas pasan por todos lados)

Manuel bufa furioso, harto de la estupidez de Miguel. Chifla algo brusco y le hace una ceña para que se acerque. Miguel sólo voltea confundido, sin ponerse de pie aún.

Sal de allí, idiota —ríe Miguel—. No vinimos a la playa para que te hicieras viejo.

A cada lado, las chicas ríen, frotando bloqueador en los hombros de Miguel. Manuel tensa la mandíbula.

Cállate y ven a echarme bloqueador solar, que no me alcanzo la espalda —rezonga Manuel, cruzándose de brazos sin moverse de su lugar bajo la sombra. A la distancia, puede ver como Miguel suspira, se disculpa con sus amigas y coge la botella, caminando de regreso hacia él.

Oe, odioso —reclama Miguel, sentándose al costado de Manuel mientras abre la botella—. ¿Tanto te cuesta pedir por favor?

¿Tanto te cuesta hacer lo que te pedí? —refunfuña Manuel. Se inclina ligeramente hacia adelante, comenzando a sentir que sus orejas se acaloran cuando las manos de Miguel le aplican la loción en la espalda.

Miguel sonríe.

Estás de mal humor.

No es cierto.

Sí lo es, estás de malas.

¡No lo estoy!

Sí lo estás —ríe Miguel, con ese tono triunfante y de niñito presumido en la voz. Sus manos comienzan a frotar la espalda de Manuel despacio, hasta bajar a sus caderas. Con las manos firmes allí, acaricia despacio y se inclina para soplar en la oreja de Manuel.

Manuel traga saliva.

¿Qué haces? —entre horrorizado y complacido, Manuel deja que Miguel le mordisquee la oreja y lo abrace de la cintura.

Te ayudo a ponerte de buen humor.

… Quizás ir a la playa no era tan mala idea.

(La insolación que tendrá luego diría lo contrario.)