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y estamos tan cerca

kasi, chilean, 21: a jack of all trades with a degree on failure who enjoys to make herself cry and has a predictable passion for cats and sob stories.

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Cita en el café | Fanfiction | Latin Hetalia; fem!Brasil/fem!Argentina

Continuando con la FEMSLASH WEEK: para Zu, que me pidió fem!Br/Arg.

Las primeras notas de un acordeón, los versos de un tango resentido y los sonidos urbanos de aquel barrio bohemio en pleno corazón de Buenos Aires son, de momento, la única compañía de Martina que, cruzada de piernas y sentada en un pequeño y elegante café, espera cuál Penélope la llegada de su cita. Echa un vistazo al fino reloj de su muñeca y arruga delicadamente el entrecejo al notar que ya van treinta minutos desde la hora acordada.

Típico —suspira, sin tomar en cuenta que ella misma llegó veinte minutos más tarde. Martina detesta esperar. Odia las filas para pagar en los supermercados o las colas largas para el banco. Odia tomar un número y esperar por su turno en los recintos médicos o en la carnicería, y cuelga el teléfono con furia cuando la operadora le coloca la irritante música de espera.

Martina odia esperar, porque vive en el momento y no soporta que no ocurra nada. Lo que quiere, lo toma, y lo toma ya. Sin reproches, sin rodeos, deshaciéndose de todo obstáculo insignificante.

Martina consigue todo lo que quiere.

Excepto hacer que Luciana haga lo que a ella se le plazca.

(Tonta, tonta, tonta Luciana. Tan salvaje, tan libre, tan independiente y descarada.)

Olá —saluda Luciana, complementando con un gesto de la mano y una sonrisa relajada mientras trota ligeramente en dirección a la mesa de Martina. Al llegar, se inclina ligeramente y la besa en la comisura de los labios.

Su piel se siente cálida.

Ya me estaba aburriendo yo aquí —reclama Martina, fingiendo un gesto de desprecio, jugando con las hebras largas de su cabello rubio, enrollándolo entre sus dedos—. Te encanta hacerme esperar, crees que tengo todo el tiempo del mundo para vos.

Claro que lo tienes —responde Luciana, soltando una carcajada vivaz—. Tú tampoco llegas temprano a ninguna parte. ¿Me pediste un café?

No —Martina esboza una sonrisa que bien le sentaría a un tiburón—. Pedíte uno vos, no soy tu secretaria.

Que encantadora estás hoy —suspira Luciana, entornando los ojos pero manteniendo la sonrisa en su lugar. Se acomoda en la silla junto a Martina y se toma unos segundos para acomodar un poco su ropa. De reojo, Martina observa con disimulo la blusa escotada de tirantes de Luciana, que por segundos deja entrever apenas un poco de su sostén. Lleva pantalones cortos también.

Descarada, piensa, sintiendo un calor familiar subirle por el rostro.

Mirá como has venido, pareciera que te caíste de la cama —algo brusca, coge el rostro de Luciana por el mentón y la observa con los ojos entrecerrados—. No te has puesto de labial.

Estaba durmiendo siesta —responde Luciana, un puchero infantil reemplazando su sonrisa. Martina chasquea la lengua y con su mano libre, rebusca un lápiz labial dentro de su cartera. Dibuja con cuidado sobre los labios carnosos y femeninos de Luciana, definiendo su forma y realzando su color. Al terminar, sonríe satisfecha.

Agradece que andaba trayendo tu color en mi bolso —con cuidado, suelta el agarre en el mentón de Luciana, y se inclina suavemente para rozar los labios de ambas, jugando en un beso profundo por un instante eterno.

Al separarse, ambas llevan el mismo color en los labios.

A ti no te viene mi color.

Cerrá el pico.