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y estamos tan cerca

kasi, chilean, 21: a jack of all trades with a degree on failure who enjoys to make herself cry and has a predictable passion for cats and sob stories.

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En un Nombre | Fanfiction | Latin Hetalia; Br/fem!Arg

En respuesta al prompt de Zu 8D

—Ya, Verinha, ¿cómo me llamo yo? —Luciano hizo caminar en el aire al gato de felpa frente a los ojos de Vera. La niña lo siguió con la vista, aplaudiendo contenta y estirando las manos para poder alcanzarlo.

—¡Gato! —rió con una sonrisa de oreja a oreja, alcanzando una de las patas del juguete y quitándoselo de las manos para abrazarlo. Lo estrujó con tanta fuerza que Luciano creyó que le arrancaría los ojos.

—No, no el gato —resopló Luciano, al borde de un mohín frustrado—. Yo. Yo.

Se apuntó a sí mismo, haciendo distintos gestos para dirigir la atención de Vera hacia su persona. Al otro lado de la cama, Martina entornó los ojos y le arrojó una almohada en la cabeza.

—Parecés un chimpancé cuando mueves los brazos así —bromeó Martina—. O un oso perezoso en anfetaminas.

—Hey, no me estás ayudando —protestó Luciano, sentando a Vera en su regazo. Cogió las manitos de su hija y comenzó a jugar con ellas, sonriendo los dos contentos—. ¿No te has dado cuenta de que no dice la palabra más importante aún?

Martina frunció el ceño.

—Eso no es cierto —respondió Martina, quitando a Vera del regazo de Luciano para sentarla en sus piernas—. A ver, Vera, ¿cómo me llamo yo?

Vera levantó la cabeza y le sonrió a su madre con todos los dientes.

—Mami.

Martina sonrió de manera arrogante.

—¿Lo ves?

Luciano sólo refunfuñó un par de quejas y suspiró resignado, volviendo a sonreírle a su hijita. La cargó en sus brazos al verla dormitar sentada en el regazo de Martina, llevándola de vuelta a su habitación. Allí, la acostó en su cuna, la arropó y le dio un beso de buenas noches, dándole una vueltecita con la mano al móvil sobre la cuna.

Mirando adormilada los pequeños planetas del móvil dar vueltas, Vera bostezó sonriente y estiró una mano para tratar de alcanzar a Luciano.

—¿Otro beso?

Vera bostezó de nuevo, cerrando los ojos con suavidad.

—Papai.

Luciano tuvo que parpadear dos veces y palmotearse el oído para asegurarse de que había oído bien.

—¿Cómo dijiste?

Papai.

No había mayor sensación de triunfo que la de ser llamado con ese nombre.

(Esa noche, Martina se enterneció cuando Luciano volvió a la cama con la sonrisa más boba del mundo.)