Manu/Miguel, mirai nikki au! | Miguel mira el diario de la cocina en su celular y sabe que Manuel estará esperándolo para almorzar a las tres, a menos que alguna tontería le impida llegar al sitio de encuentro que ambos usualmente usan. Va tranquilo, porque su diario no se equivoca casi nunca y además Manuel es tan estirado que se enorgullece en cumplir todos sus compromisos y llegar puntual a todos lados. Eso sí, a Miguel le toma una hora preparar el almuerzo, media hora salir de casa y otra media hora más llegar al punto acordado. Para cuando llega, la cara de fastidio de Manuel es épica, pero la disimula jugando alguna estupidez en su celular. —Ni gastes aire en disculparte, llegué recién —refunfuña Manuel —. Mi diario me avisó que tenía dos posibilidades. O me dejabas plantado o llegabas tarde. —Bueno, casi me quedo dormido en el bus —Miguel se rasca la cabeza sin un ápice de vergüenza y toma asiento junto a Manuel. Comienza a desempacar la comida preparar y en un rato, ambos están comiendo en silencio. —¿Tu diario sólo te informa sobre lo que vamos a comer? —para sorpresa de Miguel, Manuel rompe el hielo. Ya casi termina su comida y parece aburrido, recorriendo algo ido las entradas de su celular. Miguel no distingue casi nada porque la letra es muy chica. —Sí, pues —suspira satisfecho, sobándose la panza —. Me dice lo que voy a comer en el día. Mira el lado positivo, si me dice que comeré tres veces quiere decir que aún no me han matado. Miguel ríe y Manuel entorna los ojos. —Pero no entiendo el tuyo. —¿El mío? —Manuel alza las cejas —. Yo tampoco. —¿En serio? —No sé, tiene puras tonteras —Miguel se acerca a su hombro, para tener mejor vista de la pantalla de su celular, y Manuel puede sentir su aliento tibio cerca de su cuello. Casi automáticamente, su piel se pone roja como un tomate y peor aún, cuando Miguel navega a través de las entradas de su diario. —¡Poemas! —exclama entusiasmado y antes de que Manuel pueda quitárselo, Miguel se pone de pie lejos de él, colocando una mano en su cara para que no lo alcance —. ¿Este es sobre mí? Oh, eso es genial. … Manuel se pregunta seriamente por qué su diario pone en display las entradas más vergonzosas. (Oh, cierto. Porque es el Diario de las Vergüenzas.) |










