[Pottermore; fic] Cat&Ceci en Clases de Pociones.
Cat estaba listo para esto. Llevaba años esperando esto, y definitivamente ahora que ya había llegado la hora, estaba más emocionada que nunca: al fin, luego de haber esperado pacientemente, tiene la oportunidad de hacer pociones con su impecable uniforme de Slytherin puesto. Esa cagá de caldero jamás sabría de la mano pulenta que agitó su cucharón.
(Llegó y desparramó nomás todos los frascos sobre la mesa, mirando con una emoción sinceramente babosa cada cuerno, ojo, babosa y huevada mística que traía en el morral.)
A su lado, su compañera de grupo, la Ceci, no parecía estar muy segura aún. Ceci jugaba con la manga de su túnica de Ravenclaw bien ociosa; a la pobre poco menos que le faltaba tomar aire para que no le diera un patatus, se sentía medio mareadita con los olores de las cosas místicas. (Porque en un terrible, lamentable y horrible accidente, Ceci había derramado de manera accidental el contenido de la mayoría de sus frascos de ingredientes. Oh, torpeza. Oh, desgracia.)
-No te preocupís, Ceci -le sonrió Cat a su compañera de la manera más ganadora que conocía-. Sé exactamente qué hacer, deja que haga magia ala Slytherin.
(Porque así de bacanes son ellos, claro.)
-Che, no sé, creo que la babosa me está mirando -suspiró Ceci, pokeando con la punta de su varita una babosa medio muerta. Decidió llamarla Pancracia, para que fuera su Pancracia por siempre.
-No, mira, si soy re seca -relamiéndose los labios con entusiasmo, Cat molió los ingredientes en el mortero y los agregó al caldero a toda prisa por causa del entusiasmo-. Ya Ceci, tenís que puro revolverlo.
La mano dudosa de Ceci cogió el cucharón, claro, tenía que revolver cinco veces en dirección a las manecillas del reloj. Sencillo, ¿no?
Mal. Ceci confundió la derecha con la izquierda y la izquierda con la derecha. En cuanto Cat agitó la varita, el caldero comenzó a echar un asqueroso humo verde que terminó por reventarles en la cara y dejarlas chorreando una sustancia viscosa más fea que la combinación de los presidentes de ambos de sus países juntos.
-La puta que parió al caldero -suspiró Ceci.
-Y la concha de su madre -gruñó Cat.
… Bueno, al menos siempre habrá un mañana para estropear otro caldero.
Fin(?)